Reflexión de Marcha por la Vida 2016

Por Gabriela Marante

Polonia nos mostró su historia desde un punto de vista nunca antes visto: la muerte nos dio el tour por la ciudad. Nos mantenía atentos todo el tiempo haciendo énfasis en la ausencia de amor que las personas sufrieron durante la guerra. Nos llamó a la reflexión sobre lo que significa el olvido y nos graficó la fina línea entre el dolor y el sufrimiento y no nos permitió olvidarla. Nos sostuvo con firmeza en todo momento para que no nos distrajéramos de la realidad que una vez se vio en las calles que pisábamos.

Luego de la oscuridad llegamos a la luz. Israel, un lugar mágico donde las personas se unen en un solo compás para enseñarte la simpatía de las cosas; donde la religión no define a nadie y donde la cultura te llena los pulmones con algo más que simple aire. Es un lugar donde aprendes a querer a desconocidos y en el que te das cuenta que la vida es más que una rutina.

Cuando digo que el viaje te hace “crecer como persona”, no es tan simple como esas tres palabras. La vida que hasta entonces tenías ya no la ves del mismo modo. Tu entorno es igual pero la forma en que lo analizas ya es diferente. Te comienzas a preocupar por lo que de verdad vale la pena preocuparse. Te das cuenta de detalles muy pequeños que antes ni sabías que existían y ahora escuchas con más atención a las personas. Aprendes a respetar la oscuridad de la muerte y a compartir más la luz de la vida.

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