Mi experiencia en Marcha Por La Vida

Yo no tenía ni una idea de qué esperar de este viaje. Escuchamos sobre él desde que entramos al colegio, el anticipado viaje de “Marcha por la Vida”, y me da pena admitirlo pero no sabía lo que este viaje significaría para mí hasta que llegamos a nuestro primer destino.  Cuando llegamos me entró al corazón un sentido de responsabilidad que no sabía que sentiría y ese sentimiento se ha quedado conmigo hasta ahora.

Es algo que nos regala este viaje; es algo que pocas cosas en este mundo te pueden dar. Esta emoción es un sentido de perspectiva sobre la forma de que tú como individuo tienes el poder y, por lo tanto, la responsabilidad de cambiar lo que ocurre a tu alrededor y en tu sociedad. Lamentablemente, muchos de nosotros tenemos la idea de que somos débiles y nos complacemos con situaciones en donde “si no me afecta a mi directamente, no tiene por qué importarme.” Nos olvidamos de la influencia que realmente tenemos para causar cambio en la vida de muchos y nos complacemos con cosas que no merecemos.

Cuando entré a Birkenau el aire se quedó quieto, los árboles se callaron y todos nos enfrentamos a la realidad del Holocausto. Era inverosímil. No me imaginaba la magnitud del campo, era como si físicamente podías imaginar  apenas una fracción de la cantidad de personas asesinadas durante la Shoah. En mi vida, nunca olvidaré el vacío que sentí al mirar a mi alrededor y aunque personas hablaban, guías explicaban y música tocaba, había un silencio inexplicable en mis oídos. Se sintió como si la mudez de las víctimas que antes vivían era más alto que cualquier otro sonido en el campo.

Odio pensar que había testigos a los horrores que ocurrieron durante el reinado de terror de Hitler. Por eso después de este viaje, además de llevar luto por las vidas robadas en la Shoah, también en mi corazón se creó un nuevo respeto a los no se conformaron siendo testigos, todos los Justos de las Naciones que tenían el sentimiento de responsabilidad, empatía. El conocimiento de su verdadero poder como individuos quedaron en mi mente por siempre como el ideal de como una persona debe ser fundamentalmente.

En Israel, hubo un momento en la noche en el desierto de Israel que compartí con los compañeros de mi clase. Ese momento fue cuando salimos en la noche de las carpas de los Beduinos y caminamos en el desierto por alrededor de 5 minutos hasta llegar a un lugar donde todos nos podíamos sentar. Nos acostamos en el suelo y escuchamos la música del desierto. Ahí, creí haber escuchado a Israel respirar cuando oí el viento de la noche en la distancia. Era un momento de claridad espiritual y al ver la cara de cada uno de mis amigos, me di cuenta que este viaje realmente no pudo haber sido lo que fue para mí sin el amor que les tengo a ellos. No todos son iguales pero cada uno contribuye con un ingrediente especial a nuestro grupo y los aprecio infinitamente por ser personas amables y por dejarme ser parte de sus vidas.

Al llegar a mi casa mis padres me dijeron que sintieron como si hubiese cambiado y no les creí hasta escribir esto. Marcha Por La Vida realmente es una experiencia única e inolvidable.

por Meagan Crowe – Estudiante de 12

 

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