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“Hay que vivir con la alegría y no con la tristeza porque al vivir con la alegría se llega siempre a algo mejor, y cuando uno vive con la amargura y la tristeza hay que dejarla a un lado y siempre ver el día mas lindo y mejor.” –Palabras de Sara Rus en Treblinka. Los estudiantes graduandos del colegio Isaac Rabin, presentaron sus reflexiones sobre las vivencias de Marcha por la Vida 2012. La experiencia tuvo lugar el mes de abril como culminación del año de estudio del programa de Shoá ( holocausto judío ). Nuestros estudiantes estuvieron 17 días visitando Polonia, los campos de concentración para terminar en Israel, festejando los 63 años de la creación de ese estado. Para esta presentación, nos acompañó la Sra. Sara Rus, sobreviviente de la shoá, quien compartió sus experiencia con padres y estudiantes del colegio. REFLEXIONES "Ir a marcha y visitar las evidencias de lo que fue el holocausto nazi es una experiencia realmente única y enriquecedora para cualquier ser humano tanto cultural y como emocionalmente. Las generaciones que tienen la oportunidad de hacer este viaje en este momento histórico tienen el honor de conocer y compartir la experiencia con sobrevivientes del holocausto. Estas nobles y valientes personas regresan a los campos con la intención de recordarnos lo que pasó, y para darnos una evidencia viva de lo ocurrido. Un testimonio que hace mas valedera la evidencia de las barracas, cámaras, crematorios, zapatos, y museos que están ahí pero no hablan. Haber compartido con los sobrevivientes fue para muchos sorprendente. Ver la fuerza y valentía que tienen estas personas al volver a los campos y lugares donde vivieron terribles experiencias, y además hablar sobre el tema es impactante. Oír a un sobreviviente nos hace entender la historia desde el punto de vista humano, al oír a un guía se pierde la individualidad, se habla de estadísticas y fechas y el tema parece irreal. En cambio los sobrevivientes nos cuentan cosas cotidianas y sentimientos con los que cualquier humano se puede identificar, y esto hace una gran diferencia en la experiencia. “La vida de todos dependía de un dedo. El oficial señalaba quien iba la derecha y quien iba a la izquierda. Por otro lado aprendemos mucho de la nobleza de estas personas, que vuelven a entornos aterradores a compartir con nosotros y nos hablan de la vida con alegría y positivismo. “Me siento feliz de haber sobrevivido y haber tenido una familia para poder decir: Tomá Hitler, yo viví” –Dijo Tauba Cymrot, con una sonrisa de orgullo. Los sobrevivientes nos veían conmovidos y nos abrazaban y decían que no lloremos porque ya acabó y no pasará de nuevo. “No voy a entrar, esto ya lo vi muchas veces. Lo importante es que entren y salgan”- Dijo Tauba en la puerta del crematorio de Majdanek. Aproximadamente un millón de personas sobrevivieron y el holocausto terminó hace 67 años. Entonces, los sobrevivientes que hoy en día pueden contar no tienen menos de 77 años, y en algunos años ya no podrán acompañarnos y contarnos sus testimonios. Por esta razón tenemos que reconocer la suerte y el honor que hemos tenido y tendrán las próximas generaciones al convivir con estas personas admirables." Tania Eke y Johana Rincón "Yo pienso que el viaje de Marcha por la Vida es un viaje que no solo cada judío debe hacer, sino cada individuo, sin importar religión, etnia, ideología o clase social debe realizar. Es un viaje en el que se toma consciencia de lo ocurrido y se puede apreciar la vida. Tenemos responsabilidad de decir alto a los genocidios o situaciones similares." Joshua Rodin Lara
SEGUNDA PARTE
SARA RUS Diciembre de 2008 Rus recibió de manos de la presidenta Cristina Fernández el Premio Azucena Villaflor por su trayectoria en defensa de los derechos humanos. Agosto 2010 -La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declarará como Ciudadana Ilustre Marzo 2010 - Nombrada ciudadana ilustre de la ciudad de Mar del Plata. Julio 2010 – La Defensoría del Pueblo entrega a la Sra. Sara Rus placa de reconocimiento a su trayectoria y lucha por los Derechos Humanos Era muy pequeña cuando la invasión nazi llegó a Polonia, debiendo sobrevivir en condiciones infrahumanas. Con su mamá embarazada fueron obligados a trasladarse a un gueto (Lodz). Corría 1940 y Sara salía muy temprano a buscar leche para su hermano que finalmente murió de desnutrición.
En 1942 comenzaron las selecciones, debían soportar la incertidumbre del 'sirve-no sirve', pero su mamá repetía con optimismo 'siempre hay un ángel que nos protege', porque a los verdaderos guerreros de la vida los ángeles los ayudan a dar lo mejor de si en momentos límites, de tanto desgarro y dolor. Sara trabajaba para poder lograr una ración diaria. En esa época nació su segundo hermano que fue asesinado en el hospital, en una de las llamadas evacuaciones.
Los domingos no trabajaba y recibía la visita de Bernardo Rus, su vecino, que en ese entonces tendría 26 años (Sara 16). Se generó un amor muy especial, amenazado, inquieto, un amor en tiempos de guerra, de hambre y de miedo. Pese a ello hacían planes, aportaban al futuro. Bernardo le decía: 'vamos a sobrevivir y nuestro reencuentro será el 5 de mayo de 1945'. Luego de varios traslados y precisamente en esa fecha, Sara fue liberada por los norteamericanos. Tenía 18 años y pesaba 27 kilos. Más tarde se encontró con Bernardo, logrando vencer con su amor y su energía vital los horrores padecidos. En 1948 emigraron hacia Argentina, un país con otro idioma, otra cultura, en el que armarían su nueva vida de la que formarían parte sus dos hijos, Daniel y Natalia.
Pero una nueva prueba del horror los estaba acechando. En julio de 1977 su hijo Daniel, físico becario de la Comisión Nacional de Energía Atómica, fue secuestrado por el aparato de la dictadura militar. Comienza la búsqueda, Bernardo escribió y acudió a cuanto organismo y oficinas públicas le sugieren para reclamar por su hijo. Desde ese instante vivió para ubicarlo y a 5 meses de haberse instalado la democracia murió sin encontrarlo. Sara mientras tanto se unía a las Madres de la Plaza en la búsqueda de los 30.000 desaparecidos que soñaban por un mundo mejor. Esta es una de las tantas historias de duelos inconclusos ocasionados en el peor terrorismo de estado en nuestro país.
El libro ha sido traducido al alemán, Se presentó en la Feria Mundial del libro- Frankfurt 2010 “Sara Rus es una persona que ha decidido seguir viviendo para contar, esa es su meta”. Sigue yendo a las escuelas para dialogar, a partir de su historia, con los más jóvenes.
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